Si quieres un segundo piso, echas concreto encima de las paredes, y tendrás una plancha. Pero el concreto fresco es casi líquido y pesa más de dos toneladas por metro cúbico: se chorrea y se viene abajo. Entonces armas un molde de tablas y lo sostienes con palos desde el piso de abajo. Esa es la formaleta, y los palos son los tacos.
Pero el concreto aguanta mucho aplastado y casi nada estirado: la plancha se dobla y se raja por debajo. Entonces le metes varilla amarrada con alambre, levantada con panelitas para que quede envuelta en concreto. Pero una plancha maciza pesa demasiado. Entonces la aligeras: dejas vigas delgaditas de concreto, los nervios, y entre ellas pones bloques de icopor o de arcilla, con una capa delgada encima. Esa es la losa aligerada.
Ahora la fundes de una: el trompo o la mixer, el vibrador para que el concreto se acomode entre la varilla, y la regla para dejarla pareja. Parece que el concreto se seca, pero en realidad se endurece con el agua. Si el sol se la roba los primeros días, la plancha se fisura y puede perder hasta la mitad de su resistencia. Entonces la mantienes húmeda por lo menos siete días. Eso es el curado.
Por eso, cuando ves al maestro mojando la plancha con manguera días después de fundirla, no está botando agua: la está curando. Y los tacos no se quitan cuando a uno le parezca: la norma pide demostrar que el concreto ya aguanta. Y si después le quieres echar otro piso encima, la norma exige estudiar de nuevo toda la casa, hasta los cimientos.
Felicidades, construiste una plancha.
¿Cómo se llama esta pieza?
«Una plancha maciza pesa demasiado. Entonces la aligeras: dejas vigas delgaditas de concreto, los nervios, y entre ellas pones bloques de icopor o de arcilla, con una capa delgada encima.»






