Si pegas ladrillo sobre ladrillo con mezcla, tendrás una casa. Pero el suelo no es parejo: una esquina se hunde más que la otra y la pared se raja de arriba abajo. Entonces abres una zanja alrededor de toda la casa y fundes una viga de concreto con varilla adentro, que reparte el peso. Esa es la viga de cimentación.
Ahora no se hunde, pero llega un temblor. El suelo se sacude de lado a lado, la pared se raja en equis y se viene abajo. Parece poco, pero en Popayán, en 1983, un temblor de 5,6 destruyó casi cinco mil construcciones. Entonces levantas el muro y en cada esquina fundes, pegada al ladrillo, una columna delgada con cuatro varillas amarradas a la viga de abajo. Esa es la columneta.
Pero arriba la pared sigue suelta, y con el sacudón se abre como un libro. Entonces fundes otra viga encima de todos los muros, amarrada a las columnetas. Esa es la viga de amarre.
Ahora cada muro queda encerrado en un marco de concreto. Eso se llama mampostería confinada, y es lo que pide la norma colombiana para las casas de uno y dos pisos.
Pero un muro muy largo sigue siendo débil en la mitad. Por eso la norma no deja más de cuatro metros entre columneta y columneta. Y ojo con lo que subes al techo: la norma pide evitar tanques de agua de un metro cúbico o más en estas casas, porque ese peso allá arriba se bambolea con el temblor. Más de ocho de cada diez colombianos viven donde la amenaza de temblor es alta o intermedia.
Felicidades, construiste una casa que aguanta un temblor.
¿Cómo se llama esta pieza?
«Arriba la pared sigue suelta, y con el sacudón se abre como un libro. Entonces fundes otra viga encima de todos los muros, amarrada a las columnetas.»
Fuentes. NSR-10 Título E; SGC (sismo de Popayán, 1983); IDIGER/SGC (83 % de la población en amenaza sísmica alta e intermedia). Esto explica la norma, no reemplaza a un ingeniero.







