Si subes una caneca al techo y la llenas con una manguera, tendrás un tanque de reserva. Pero cada vez que se acaba tienes que subir a llenarla otra vez. Entonces conectas el tubo del acueducto directo a la caneca. Ahora se llena sola, pero nunca para: se rebosa y el agua chorrea por toda la terraza. Entonces le pones una bola que flota con una palanca: cuando el agua sube, la bola sube y cierra la entrada. Ese es el flotador.
Pero un día el flotador se pega y otra vez el agua se va por encima. Entonces abres un tubo cerca del borde, más grueso que el de entrada, que bota el sobrante a un desagüe. Ese es el rebose.
Ahora abres la ducha del segundo piso y el agua sale débil. Parece raro, pero la fuerza del agua no depende del tamaño del tanque, sino de la altura: cada diez metros de altura dan más o menos un kilo de presión por centímetro cuadrado. Por eso el tanque va lo más alto posible. Pero el agua quieta y destapada atrae al zancudo del dengue, que pone sus huevos en las paredes del tanque. Entonces le pones una tapa ajustada, sin rendijas.
Y en el fondo se va asentando un barro fino. Por eso conviene que la salida quede un poquito arriba del fondo, y el Acueducto de Bogotá recomienda lavarlo por lo menos dos veces al año. Y si en tu barrio el agua no tiene fuerza para subir, pones un tanque abajo y una bomba que la sube.
Felicidades, construiste un tanque de reserva.
¿Cómo se llama esta pieza?
«Por eso el tanque va lo más alto posible. Pero el agua quieta y destapada atrae al zancudo del dengue, que pone sus huevos en las paredes del tanque.»
Fuentes. Acueducto de Bogotá (lavarlo mínimo 2 veces al año); Minsalud (tanques tapados contra el dengue); NTC 1500 (rebose).







