Si quieres proteger una ciudad de los piratas, levantas una pared alta y recta, y tendrás una muralla. Pero una pared recta tiene esquinas donde el enemigo se esconde sin que lo vean desde arriba. Entonces en cada esquina sacas un fuerte en punta, para dispararle de lado a quien se acerque. Ese es el baluarte.
Y el muro entre baluarte y baluarte es la cortina.
Pero ¿de dónde sacas millones de piedras? Entonces usas la que hay cerca: piedra de coral, cortada en bloques de cincuenta por cincuenta por setenta centímetros. Esos son los sillares.
Pero piedras sueltas no son una pared. Entonces las pegas con una mezcla de cal y arena. Esa es la argamasa.
Pero un muro todo de piedra sería pesadísimo, carísimo, y un cañonazo lo rompe igual. Parece que la muralla es un bloque macizo de coral, pero por dentro es un sándwich: afuera, la piedra tallada; adentro, otro muro con ladrillo; y en la mitad, un relleno de arena que se traga el golpe de la bala. Ese es el relleno.
Y como todo eso costaba plata y tiempo, se hizo por pedazos durante unos dos siglos, desde comienzos del 1600 hasta comienzos del 1800, sobre un proyecto del ingeniero Bautista Antonelli. Así quedaron las murallas de Cartagena, que hacen parte del conjunto que la UNESCO declaró Patrimonio de la Humanidad en 1984. Por eso, cuando camines por encima y veas que los baluartes salen en punta, no es decoración: así nadie tenía dónde esconderse.
Felicidades, construiste las murallas de Cartagena.
¿Cómo se llama esta pieza?
«¿de dónde sacas millones de piedras? Entonces usas la que hay cerca: piedra de coral, cortada en bloques de cincuenta por cincuenta por setenta centímetros.»
Fuentes. Sociedad de Mejoras Públicas de Cartagena (manual de las fortificaciones: cortinas y baluartes de inicios del siglo XVII a inicios del XIX, proyecto de Bautista Antonelli, sillares de coral de 50 × 50 × 70 cm con cal y arena, muro interior con ladrillo y relleno arenoso); UNESCO (Patrimonio de la Humanidad, 1984).







